
William Butler Yeats
La rosa secreta
" Lejana, muy secreta, inviolada Rosa, estréchame en mi hora de las horas; y quienes te buscaron en el Santo Sepulcro o en el tonel de vino, moraron más allá de los tumultos de sueños derrotados; y profundos, entre párpados grises muy pesados de sueño, los hombres han nombrado la belleza. Tus grandes hojas muestran las barbas antiguas de los coronados Reyes Magos, sus yelmos de rubí y oro; ye! rey cuyos ojos contemplara las Manos Traspasadas en la Cruz elevarse en druídicos vapores, y las teas apagarse, hasta que e! vano frenesí lo despertara y muriera. Y aquel que halló a Fand caminando entre llamas de rocío, junto a una costa gris que el viento no soplaba y perdió mundo y Emer por un beso. Y el que llevó los dioses fuera de los muros y se entregó al festín hasta que cien rojas albas contemplara y llorara los túmulo s de sus muertos. El rey altivo y soñador que penas y coronas arrojara y al bufón y al poeta convocando, morara en hondos bosques con los errantes manchados de vino. Y el que vendió labranza, casa y bienes y buscó en mar y tierra por años incontables, y al final encontró, entre risas y llanto mujer tan radiante en su belleza que los hombres trillaban el cereal hasta la noche por un rizo robado, por un pequeño rizo. Y yo también aguardo ese momento: las grandes tempestades de tu amor, de tu odio. ¿Cuándo se arrojarán las estrellas del cielo y como chispas de herrería morirán? ¿Ciertamente, ha llegado tu hora, tus tempestades soplan, lejana, muy secreta, inviolada Rosa?. " epdlp.com
De El crepúsculo celta
(Traducción de Javier Marías) |
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| William Butler Yeats |
Í N D I C E
Los duendes son lógicos (Prólogo) por Juan Villoro
EL CREPÚSCULO CELTA por W B Yeats
LA ROSA SECRETA por W B Yeats
APÉNDICES
Appendix I / Apéndice I: M P Shiel's and John Gawsworth's Redonda / La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth (updated / puesta al día 2003)
Appendix II / Apéndice II: Jon Wynne-Tyson's Redonda / La Redonda de Jon Wynne-Tyson (updated / puesta al día 2003)
Appendix III / Apéndice III: Javier Marías's Redonda / La Redonda de Xavier Marías (updated / puesta al día 2003)
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Los duendes son lógicos(Prólogo)
por Juan Villoro
por Juan Villoro
En 1940, un año después de la muerte de W B Yeats, T S Eliot impartió una conferencia en el Teatro Abbey, sitio decisivo en la trayectoria de su colega irlandés. No era fácil para el autor de La tierra baldía abordar a un poeta que había sido injusto con él. Cuatro años antes, Yeats compiló una extravagante antología para la Universidad de Oxford en la que incluyó a Eliot “más como un autor satírico que como un poeta”. Eliot supo pasar por alto el dudoso favor de ser elegido de ese modo. En su conferencia, rindió tributo a la portentosa variedad de Yeats y al claro sentido de la evolución que otorga unidad a su obra. Se cuidó, eso sí, de apreciarlo más como un contemporáneo en otro frente de batalla que como una influencia para él y su generación.
La muerte de Yeats en el invierno de 1939 significó el fin de una era. El poeta recibió en vida un reconocimiento impar; ha sido tan leído y discutido en la cultura inglesa que sus biógrafos apenas dedican unos párrafos a señalar que además obtuvo el Premio Nobel. Periodista de temple polémico, empresario teatral, senador y contertulio de ministros, Yeats no vaciló en convertirse en personaje público para adelantar sus múltiples causas en un país que juzgaba suficientemente atrasado para responder a la cultura.
La vida privada de Yeats establece un contraste radical con el prohombre que sugieren sus actividades de poeta laureado. Sujeto ideal para los biógrafos, hizo de la relación amorosa algo tan intrincado, enigmático y versátil como su poesía. Su interés en todas las sombras del ocultismo pobló su destino de claves herméticas. Los masones, los astrólogos, los rosacruces y los orientalistas no acabarán de descifrar sus enigmas. La obra de Yeats, atravesada de lúcidos diagnósticos sobre la muerte, la vejez, la sexualidad, la guerra y el amor, proviene de fuentes difusas, inestables. Las líneas de la mano o el silencioso decurso de los astros fueron el origen remoto de páginas que producen la extraña impresión de lo deliberado. Yeats requería de informes extralógicos para escribir con fulminante sensatez, al modo de un piloto que atraviesa con pericia un cielo metafísico. Su vida semeja una arbitrariedad corregida a través de la poesía. En el poema elegíaco que le dedicó en 1939, W H Auden se burla con afecto de las boberías del poeta y su gusto por las mujeres ricas, cómplices de su místico erotismo. Pero “los poemas no se enteran de la muerte del poeta”; el talento literario se sobrepone a los caprichos vitales que lo hicieron posible.
Casi cuarenta años más tarde, 1n 978, Seamus Heany volvió a resaltar la oposición o, mejor dicho, la tensa y soterrada correspondencia, entre la vida y la obra de W B Yeats. Al igual que Eliot, Heany se entrega a la aventura de suponerle un orden a Yeats, una estética de conjunto, y se pregunta en qué medida la singularidad de su compatriota es admisible como modelo. El poeta de La torre se perfila a través de opuestos: mago y empresario, idealista y calculador, rebelde y aristócrata, anacoreta y dandy. Un personaje desmedido, deliberadamente único, que combina las ocupaciones mundanas con el disciplinado cultivo de sus visiones interiores. Lo que articula estos contrastes es el ejercicio de la poesía. “Mientras más pensamos en Yeats”, comenta Heany, “más se acorta la distancia forzada por la etimología entre el misterio y la maestría”. Los muchos hombres que fue Yeats representan el pasmoso tránsito del misterio por la maestría. En su oscura arboleda, el poeta no repudia la razón: “Los duendes son lógicos”, escribe en El crepúsculo celta.
Eliot, Auden y Heaney insisten en la oculta armonía del poeta. Tal aseveración resultaría innecesaria ante una vida más sosegada o una obra de menor variedad y virtuosismo. El hechizo de Yeats deriva, en buena medida, de llegar al rigor poético movido por estímulos trascendentes. Lejos del chamán que se sirve de la métrica como una ciencia numerológica, Yeats es raro al modo de los duendes celtas; lo sobrenatural no es la meta sino el punto de partida para trazar su precisa cartografía.
William Butler Yeats nació en Dublín en 1865 y pasó su infancia en la provincia de Sligo, escenario primordial de El crepúsculo celta. Hijo de un filósofo y pintor al que apreció más por sus óleos que por su trato, creció a la sombra de Susan, su madre, que amaba a Irlanda en la misma medida en que odiaba todo lo inglés. En su biografía de Yeats, Thomas Brown apunta que el leal hijo de Susan sólo dejó tres referencias a Inglaterra en su poesía, a pesar de que pasó casi tanto tiempo en Londres como en Dublín.
El poeta militó en las filas del independentismo irlandés con su característico sello personal. Para él, el futuro de Irlanda dependía de la recuperación del pasado, de la espiritualización de un territorio no contaminado por el progreso. Las sagas celtas le permitieron entender las esencias que perduran como embrujos colectivos y vincular su causa política a una estética.
En París y Londres, Yeats frecuentó sociedades teosóficas, practicó la magia negra, perteneció a cenáculos de obligadas capas negras. Algunos de sus ensayos combinan la aproximación esotérica con el proselitismo nacionalista. Yeats se comportó como lo que también era: un articulista ansioso de tener razón, un partidario de las rebeldías elegantes, un temeroso crítico del populacho. Consciente de los efectos de la apariencia, aprendió en Wilde la utilidad de la máscara para hablar con libertad y se forjó un personaje capaz de adaptarse a sus plurales circunstancias. Avergonzado de su pobreza, un Yeats casi adolescente tiñe sus talones de tinta para ocultar que sus calcetines están rotos. Así entra a los salones donde descubre las jerarquías del oporto, las comodidades del mecenazgo, las virtudes de recitar en actitud de vidente herido por la inspiración (en El mundo de ayer, Stefan Zweig retrata al bardo que parece recibir dictado de la musa).
La curiosidad de Yeats no conoce el reposo. Lee los periódicos con persecutorio olfato de polemista; admira en París una puesta de Axël, de Villiers de L’Isle-Adam y hace suyo el aristocrático desprecio por lo común (el epígrafe de La rosa secreta, tomado de L’Isle-Adam, dice: “En cuanto a vivir, nuestros sirvientes lo harán por nosotros”); se interesa en Balzac; sigue las óperas de Debussy y discute acerca de la tramoya y los decorados; asiste a las obras de Alfred Jarry y las repudia; experimenta con el hashish y la mescalina; lee a Nietzsche con el fervor que antes le produjeron Swedenborg y Blake; busca correspondencias entre el teatro Noh de Japón y el renacimiento del drama irlandés; se ocupa de grandes pintores y sectas ínfimas; estudia hinduismo; discute a Hegel y a Vico; apoya a Joyce; rescata cuentos del folclor celta.
Su escritura es tan variada como sus intereses. El repertorio de su métrica y su capacidad de asumir diversas voces bastarían para acreditar su versatilidad. En cuanto a los géneros, el polígrafo irlandés escribe teatro, libelos, memorias, cuentos, novelas, artículos, ensayos, panfletos, prólogos, miles de cartas introspectivas y reglamentos internos para sociedades secretas.
En sus años de madurez, Yeats perdió el aspecto heroico de quien se sacrifica en el altar de la sensibilidad. Un hombre distanciado, un tanto altivo tras sus anteojos sin aros. El poeta se compara con un jinete de controlada valentía que “arroja un ojo frío / sobre la vida, sobre la muerte”. Para entonces, ha trabajado en forma ingente en pro del Teatro Literario Irlandés, se ha curtido en mil batallas periodísticas, ha aprendido en el senado que los ideales libertarios se convierten, en el mejor de los casos, en útiles leyes grises, y no quiere perder el tiempo. A los argumentos de sus adversarios contesta con una sentencia de gurú: “¡Ah, pero eso fue antes de que cantara el pavorreal!”. No ha roto con el arriesgado explorador de los misterios; simplemente, lo administra en su interior.
En algo no cambia Yeats: el viaje que va de las rarezas del mundo al rigor de la poesía requiere de compañía femenina. Las relaciones amorosas le sirven de borrador y tribunal de sus creaciones. Convencido de que la mujer tiene un acceso privilegiado a lo trascendente, buscó amantes que fueran, si no adivinas, por lo menos muy nerviosas. De Richard Ellman a Thomas Brown, los biógrafos procuran guardar la ecuanimidad ante una vida erótica que, aunque no estuvo exenta de percances, puede leerse como una parábola del placer cumplido. Yeats fue amado por mujeres hermosas, inteligentes, intuitivas, protectoras, que le guardaron lealtad a lo largo de las décadas y, el mayor récord, fueron estupendas amigas entre sí.
La figura femenina primigenia es, por supuesto, su madre, celosa guardiana del esplendor celta. La frecuentación de Madame Helena Blavatsky en los años ochenta fomentó su interés en el “plano astral”. La pitonisa rusa fundó en 1875 la Sociedad Teosófica a la que perteneció Yeats. Ahí el poeta se familiarizó con el budismo, el mesmerismo, la frenología y la idea de la reencarnación, muy atractiva para alguien dispuesto a llevar varias vidas. A pesar de su predicada espiritualidad, Madame Blavatsky mostraba su mayor vocación al comer huevos fritos en mantequilla. Esta dieta no era la única contradicción con un ideario nutrido, de neoplatonismo. Yeats advirtió pronto la charlatanería de la teósofa, pero mantuvo su entusiasmo por el revés de las cosas. En 1892, un año antes de publicar El crepúsculo celta, escribió a su amigo John O’Leary: “La vida mística es el centro de todo lo que hago y todo lo que pienso y todo lo que escribo”.
En 1902, en la edición revisada de El crepúsculo celta afirma que las mujeres llegan con mayor facilidad a lo desconocido, la sabiduría que para los pueblos antiguos era la única sabiduría. Dos romances difíciles acompañan al poeta en sus años de formación. El crepúsculo celta (1893) se publica mientras sostiene un “matrimonio místico” con Maud Gonne, y La rosa secreta (1897), después de su separación de Olivia Shakespear. Ninguna de las dos mujeres parecía dispuesta a vivir con él en forma definitiva. Gonne se embarazó de otro hombre durante el affaire y Shakespear sobrellevaba un matrimonio aburrido pero no necesariamente prescindible. En ambos caso Yeats buscó alianzas que reforzaran su conocimiento de lo oculto. El hecho de que se tratar de romances clandestinos fue un valor añadido para alguien que concebía la pareja como la variante íntima de las sociedades clandestinas. Aunque recuperaría el trato con estas musas años después, e incluso llegaría a proponer, con anuencia de Maud Gonne, matrimonio a su hija, el Yeats de fines del siglo XIX confiesa su fracaso para lograr que el amor asuma la intensidad de una ceremonia y lo lleve a otro nivel de conocimiento que la desesperación. Este estado de ánimo se filtra a La rosa secreta; los héroes románticos encaran un destino adverso; los milagros ocurren a cado rato pero no a favor de quienes reciben la llamada del amor; por el contrario, los favoritos de Venus pasan por un prueba de fuego que debe resistirse con entereza y temeridad y amarga poesía.
Después de romper con Olivia Shakespear, Lady Augusta Gregory aparece como la impositiva salvadora del poeta. Enlutada desde la muerte de su marido, Gregory adopta a un Yeats tan exhausto que carece de energías para vestirse en las mañanas. Lady Augusta ordena a un criado que le lleve sopas reconstituyentes. Él acepta las leyes no escritas pero severas de un romance que tiene mucho de maternidad sustituida.
A propósito de otros autores, sería una frívola intromisión detenerse en sus amoríos, pero Yeats hizo de su trato con las mujeres una peculiar epistemología, su principal vía de acceso a lo desconocido. Bajo el influjo de su madre, Maud Gonne, Olivia Shakespear y Lady Gregory, buscó en las leyendas irlandesas la herencia de su originalidad futura. Los vientos que barren la costa y los bosques donde hablan los Sidhe, emisarios de las hadas, aluden a un esplendor perdido pero recuperable. En La rosa secreta apunta: “Dijo que el mundo fue perfecto y amable, y que el mundo perfecto y amable aún seguía existiendo, pero enterrado como un montón de rosas bajo muchas paladas de tierra”. Narrar significa extraer la flor oculta.
Casi septuagenario, y después de años de matrimonio con Georgie Hyde-Leeds, Yeats se somete a una operación para recuperar el vigor sexual y se entusiasma con los variados enredos que aún puede otorgarle el destino. Su poesía también sube de temperatura: “De joven obedecí a una musa vieja y de viejo a una musa joven”, comenta el hombre que se dejó afectar por el clima finisecular a los 30 años y celebra la alquimia del sexo a los 70.
Hasta sus últimos días, Yeats conserva su peculiar constelación femenina, aunque no siempre corresponde al afecto con generosidad. En sus tiempos de senador, la incansable activista política Maud Gonne cae en prisión y él se limita a cerciorarse de que le den cobijas. “La pasión, en apariencia, se había enfriado”, comenta con flema el biógrafo Thomas Brown.
El crepúsculo celta y La rosa secreta fueron escritos en los años en que Yeats decidió su estética, su moral de vida, sus convicciones religiosas y políticas. Desde el punto de vista formal, El crepúsculo celta es más un conjunto de episodios que un libro de relatos. El narrador transita con fluidez de una anécdota a otra, aplaza la solución de una historia y la retoma un par de capítulos después o la condensa hasta convertir un párrafo en un microcuento: “Al cabo de siete años fue devuelta a casa, pero faltándole los dedos de los pies. Los había perdido de tanto bailar”. Las tramas dispersas hacen pensar en una conversación al calor de una fogata; el relato colectivo depende de que los cabos estén sueltos.
Las crueles maravillas de El crepúsculo celta informan de las posibilidades mágicas de los animales, la activa vida de los muertos, el papel comunicativo de las criaturas intermedias (hadas, duendes, musas) cuyo domicilio permanente está en los sueños y que el visionario puede hallar a voluntad. El escenario imprescindible de las historias es el bosque, espeso y silencioso, que oculta sus enigmas a los indignos.
En la agonía del siglo XIX, Yeats prosigue el afterglow, el brillo crepuscular de una cultura, el sol cuando ya no hay sol. Esta tentativa continúa en La rosa secretacon mayor énfasis en las formas cerradas del relato ejemplar. Los protagonistas reciben lecciones de alto sufrimiento y pagan cara su osadía. El primer texto y el último tratan de juglares sacrificados. Los personajes anhelan el sello que los distingue y el mundo castiga su temeridad. Un rey sabio debe abdicar porque su grey no tolera las plumas que le crecen en la cabeza y señalan su diferencia. Hanrahan el Rojo, que reaparece como alter-ego de Yeats en varios poemas, atiende al llamado de una mujer hasta toparse con unos dioses que juegan a la baraja; durante un año, queda preso en esa partida y pierde la cita con la amada. Sus fatigas han sido en vano. Al final del libro muere; un espíritu femenino se apodera de su voz y lo trasciende. En otro relato, escribe Yeats: No hay hombre que pueda vivir con su luz, pues, como el granizo, la lluvia o el relámpago, su trayectoria es mortífera para las cosas mortales”. Y sin embargo, los lances castigados del poeta valen la pena: “El rubí es un símbolo de amor a Dios […] porque es rojo, como el fuego, y el fuego todo lo consume, y donde nada hay, allí está Dios”. La inmolación conduce a lo sagrado. La rosa secreta exalta los caminos difíciles que transforman la poesía en fecundo martirio.
El libro transcurre en una época donde los milagros eran habituales y muy poco convenientes; en esos territorios de niebla, siempre hay un lago disponible para acrecentar la melancolía. Literatura de claroscuros, la de Yeats opta por los velos, los matices, los brillos inseguros. También en los poemas de El viento entre los juncos, escritos en esos años, busca elocuentes zonas de indefinición: “La espuma como cera de vela en la arena oscura”.
Las ediciones del Reino de Redonda han reunido El crepúsculo celta y La rosa secreta en las exactas versiones de Javier Marías y Alejandro García Reyes. A fines del XIX, cuando recrea el folclor celta, Yeats ya es dueño de complejos recursos literarios y juega sus cartas más fuertes en la poesía y, en segundo término, el teatro. Los compendios celtas no son peldaños para la torre que se edificará con otros materiales. El crepúsculo celta y La rosa secreta saldan deudas más sencillas y acaso más profundas;: preservan la primera patria, la voz de la madre, la infancia.
El crepúsculo celta y La rosa secreta son rituales intermedios, obras preparatorias, no en un sentido técnico, sino moral. Yeats pone un pie en el pasado fecundo sin saber adónde irá. Su destino aún puede ser el del mago, el místico, el profeta gramático. Elige la poesía y sabe que sólo encontrará una ruta original si se pierde con provecho. El bosque se abre ante él como el París de Walter Benjamín: un sitio para perderse adrede.
En Yeats, la inseguridad representa un principio creativo. Toda percepción de los otros es incierta: “Uno de los grandes problemas de la vida es que no podemos tener ninguna emoción pura. Siempre hay en nuestro enemigo algo que nos gusta y en nuestro amor algo que nos desagrada. Es este enredo químico lo que nos hace viejos y nos arruga la frente y hace más profundos los surcos de nuestros ojos”, comenta en El crepúsculo celta. No se escribe porque se sepa lo que se va a decir sino para averiguarlo.
Visto desde el presente, el Yeats de La rosa secreta y El crepúsculo celta parece un adelantado de los años sesenta y la Era de Acuario. Su interés por la intuición, los actos de psicomagia, las leyendas ejemplares, los paraísos artificiales de la droga, la astrología, la vida comunitaria, el compromiso político, la relación entre mística y sexualidades, la imaginería feérica, las posibilidades cotidianas de lo sagrado, la recitación como ceremonia, las formas no literarias de la expresión poética lo acercan –como personaje, no como poeta- a figuras del corte de Allen Ginsberg. Y sin embargo, estuvo tan ligado a su época que Eliot lo considera uno de los pocos poetas que retratan su tiempo de cuerpo entero.
Múltiple y esquivo, Yeats convierte lo inefable en un prodigio compartido. En uno de sus más célebres poemas, “El zancudo”, compara a Miguel Ángel con un mosquito que posa sus largas patas en la superficie del agua. El pintor frota los muros de la Sixtina mientras “su mente se mueve en el silencio” como un insecto en el agua, toca la corriente, el tiempo que fluye por debajo, sin someterse a ella. Resiste, con frágil fortaleza. La imagen describe el tenue prodigio que William Butler Yeats encontró en las sagas celtas, un viento atravesado de magias y sensatas razones, un modo de transformar el misterio en maestría. Los duendes, en efecto, son lógicos.
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EL CREPÚSCULO CELTA
Traducción de Javier Marías
Traducción de Javier Marías
ÍNDICE
Nota sobre el texto, por Javier Marías
Las huestes
Este libro
Nota del autor
Las huestes
Este libro
Nota del autor
EL CREPÚSCULO CELTA
Un narrador de cuentos
Creencia e incredulidad
Ayuda mortal
Un visionario
Fantasmas de aldea
"El polvo ha cerrado el ojo de Helena"
Un caballero pastor
Un corazón sufrido
Los brujos
El Diablo
Teólogos felices y desdichados
El último juglar
Regina, Regina Pigmeorum, Veni
"Y hermosas, fieras mujeres"
Bosques encantados
Criaturas milagrosas
Aristóteles, el de los libros
El marrano de los dioses
Una voz
Raptores
Los incansables
Tierra, fuego y agua
El Pueblo Antiguo
El hombre y sus botas
Un cobarde
Los tres O'Byrne y los duendes malignos
Drumcliff y Rosses
El grueso cráneo de los afortunados
La religión de un marino
Acerca de la proximidad del Cielo, la Tierra y el Purgatorio
Los devoradores de piedras preciosas
Nuestra señora de las Colinas
La Edad de Oro
Reprimenda a los escoceses por haberles agriado el carácter a sus fantasmas y duendes
Guerra
La reina y el bufón
Los amigos de los habitantes del País de las Hadas
Sueños que no tienen moraleja
Al borde de la carretera
Hacia el crepúsculo
Un narrador de cuentos
Creencia e incredulidad
Ayuda mortal
Un visionario
Fantasmas de aldea
"El polvo ha cerrado el ojo de Helena"
Un caballero pastor
Un corazón sufrido
Los brujos
El Diablo
Teólogos felices y desdichados
El último juglar
Regina, Regina Pigmeorum, Veni
"Y hermosas, fieras mujeres"
Bosques encantados
Criaturas milagrosas
Aristóteles, el de los libros
El marrano de los dioses
Una voz
Raptores
Los incansables
Tierra, fuego y agua
El Pueblo Antiguo
El hombre y sus botas
Un cobarde
Los tres O'Byrne y los duendes malignos
Drumcliff y Rosses
El grueso cráneo de los afortunados
La religión de un marino
Acerca de la proximidad del Cielo, la Tierra y el Purgatorio
Los devoradores de piedras preciosas
Nuestra señora de las Colinas
La Edad de Oro
Reprimenda a los escoceses por haberles agriado el carácter a sus fantasmas y duendes
Guerra
La reina y el bufón
Los amigos de los habitantes del País de las Hadas
Sueños que no tienen moraleja
Al borde de la carretera
Hacia el crepúsculo
Notas
Índice mitológico
Índice mitológico
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Nota sobre el texto
Yeats publicó por primera vez El crepúsculo celta en 1893, pero con posterioridad, para la segunda edición, de 1902, reelaboró la totalidad del libro, añadió bastantes cuentos y suprimió cuatro textos. La presente traducción ofrece la versión considerada definitiva, de 1902, y conserva, sin embargo, tres de los textos desaparecidos después de la original de 1893 (los dos poemas iniciales y el preámbulo titulado "Este libro"). El cuarto escrito excluido de la segunda edición, "Four Winds of Desire", es, más que nada, un breve ensayo sobre el doctor Douglas Hyde y otros recopiladores de cuentos populares irlandeses, y su tono crítico contrasta en exceso con el carácter eminentemente narrativo o meditativo del resto del volumen para tentarnos a contrariar aquí la decisión final de Yeats. Para mayor claridad respecto a la cuestión de las dos ediciones, al final de cada texto aparece su fecha de publicación o, en algún caso, de redacción.
Las ediciones empleadas para la presente traducción son las siguientes: The Celtic Twilight, con una Introducción de Kathleen Raine (Colin Smythe, Gerrards Cross, 1981) y The Secret Rose and Other Stories (MacMillan, London & Basingstoke, 1982).
Las notas del propio Yeats van señaladas con asteriscos y se encuentran a pie de página. Las mías van marcadas con números árabes y están al final del texto. Para no sobrecargar la cantidad de estas últimas se incluye un escueto "Índice mitológico" con el propósito de orientar al lector español acerca de algunos nombres de la mitología celta a los que Yeats hace referencia.
Por último, una nota sobre el estilo de Yeats en estos cuentos. En muchos de ellos aparecen relatos o comentarios a cargo de personajes reales que él conoció, en su mayoría campesinos irlandeses de finales del siglo XIX y principios del XX. Su habla es, en general, poco ortodoxa, casi siempre rudimentaria, y, en algunos casos, casi ininteligible en virtud de los abundantes irlandesismos conservados por Yeats al reproducir los dichos de sus personajes (y a veces empleados por él mismo en su propia narración o comentarios). Juzgando imposible -además de necio- intentar convertir ese habla en algo reminiscente, digamos, del habla gallega en castellano, he optado por mantener un español eminentemente correcto y neutro, procurando conservar en la traducción, sin embargo, algunos rasgos equivalentes y no excesivamente chirriantes para dar cuenta de las características de dicha habla un tanto primitiva, que, por ejemplo -y por mencionar una sola de estas características-, ignora casi totalmente las oraciones de relativo. Asimismo me he permitido alguna que otra incorrección que se corresponde con otra equiparable en el original.
Sólo me resta dar las gracias a Mr Eric Southworth, de St Peter's College (Oxford); al contratenor Mr Nicholas Clapton; al profesor René Galand, de Wellesley College (Massachusetts), y al doctor Adrian Hill, de Exeter College (Oxford) y oriundo de Irlanda, por su paciente y valiosa colaboración a la hora de ayudarme a desentrañar el significado de algunos de esos irlandesismos que en un principio me resultaban enteramente incomprensibles.
Las ediciones empleadas para la presente traducción son las siguientes: The Celtic Twilight, con una Introducción de Kathleen Raine (Colin Smythe, Gerrards Cross, 1981) y The Secret Rose and Other Stories (MacMillan, London & Basingstoke, 1982).
Las notas del propio Yeats van señaladas con asteriscos y se encuentran a pie de página. Las mías van marcadas con números árabes y están al final del texto. Para no sobrecargar la cantidad de estas últimas se incluye un escueto "Índice mitológico" con el propósito de orientar al lector español acerca de algunos nombres de la mitología celta a los que Yeats hace referencia.
Por último, una nota sobre el estilo de Yeats en estos cuentos. En muchos de ellos aparecen relatos o comentarios a cargo de personajes reales que él conoció, en su mayoría campesinos irlandeses de finales del siglo XIX y principios del XX. Su habla es, en general, poco ortodoxa, casi siempre rudimentaria, y, en algunos casos, casi ininteligible en virtud de los abundantes irlandesismos conservados por Yeats al reproducir los dichos de sus personajes (y a veces empleados por él mismo en su propia narración o comentarios). Juzgando imposible -además de necio- intentar convertir ese habla en algo reminiscente, digamos, del habla gallega en castellano, he optado por mantener un español eminentemente correcto y neutro, procurando conservar en la traducción, sin embargo, algunos rasgos equivalentes y no excesivamente chirriantes para dar cuenta de las características de dicha habla un tanto primitiva, que, por ejemplo -y por mencionar una sola de estas características-, ignora casi totalmente las oraciones de relativo. Asimismo me he permitido alguna que otra incorrección que se corresponde con otra equiparable en el original.
Sólo me resta dar las gracias a Mr Eric Southworth, de St Peter's College (Oxford); al contratenor Mr Nicholas Clapton; al profesor René Galand, de Wellesley College (Massachusetts), y al doctor Adrian Hill, de Exeter College (Oxford) y oriundo de Irlanda, por su paciente y valiosa colaboración a la hora de ayudarme a desentrañar el significado de algunos de esos irlandesismos que en un principio me resultaban enteramente incomprensibles.
JAVIER MARÍAS
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indica Nombrados durante el reinado de Matthew Phipps Shiel, el rey Felipe I y confirmados tras su muerte en 1947
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indica Nombramientos de los que no se ha hallado constancia escrita
indica Nombramientos de los que no se ha hallado constancia escrita
a) PEERS CREATED BY KING JUAN I, OR BY HIM AS REGENT IN THE REIGN OF KING FELIPE I/
PARES NOMBRADOS POR EL REY JUAN I, COMO TAL O EN SU CALIDAD DE REGENTE DURANTE EL REINADO DEL REY FELIPE I
PARES NOMBRADOS POR EL REY JUAN I, COMO TAL O EN SU CALIDAD DE REGENTE DURANTE EL REINADO DEL REY FELIPE I
Arch-Duke / Archiduque
Arthur Machen (created in 1947 / nombrado en 1947)
Grand Dukes of Nera Rocca/ Grandes Duques de Nera Rocca
Kate Gocher (1947)
Victor Gollancz (1947)
Sir Leigh Vaughan Henry, Grand Duke of Basalto (1957)
William Reginald Hipwell (1957?)
Annamarie V Miller (1947)
Albert Reynolds Morse (1947), Grand Duke of Redonda (1949)
Edward Buxton Shanks (1947)
Carl Van Vechten (1947)
Dukes and Duchesses / Duques y Duquesas
Robert Beatty, Duke of Ontario (1961)
Oswell Blakeston , Duke of Sangro (1947) *
Roy Campbell, Duke of Carmelita (1949)
Cyril James Fernandez Clarke, Duke of Tuba (1949)
Joan Crawford, La Crawford (1956)
Michael Denison , Duke of Essexa y Stebbingo (1959)
Charles Duff , Duke of Columbus (1949) (relinquished / renunció 1951)
Gerald Durrell , Duke of Angwantibo (1951?)
Lawrence Durrell , Duke of Cervantes Pequeña (1947) *
Robert Fabian of the Yard, Duke of Verdugo (1951)
Iain / Ian Fletcher (1947), Duke of Urgel (1951)
Russell Foreman , Duke of Dumosa (1967)
George Sutherland Fraser, Duke of Neruda (1949)
Francis Fytton , Duke of Spada (1961)
Charles Wrey Gardiner, Duke of Rio de Oro (1959?)
Dulcie Gray, Duchess of Essexa y Stebbingo (1959)
Michael Harrison, Duke of Sant'Estrella (1951)
John Heath-Stubbs, Duke of Mosquito Shore (1949)
Edgar Jepson, Duke of Wedrigo (1947)
Buffie Johnson, Duchess of Nera Castilia (1947) *
Georges Levai, Duke of Salinas (1949)
Philip Lindsay, Duke of Guano (1947) *
Murrough Loftus, Duke of Granta (1967)
John Metcalfe, Duke of Bottillo (1951)
Henry Miller, Duke of Thuana (1947) *
Merton Naydler (1947), Duke of Logos (1951)
Gerlinde Pott, Duchess of Liebfraumilch & Nikky (1959)
Vincent Price, Duke of Grue (1961)
T (homas) Weston Ramsey, Duke of Valladolida (1947) *
Julian Maclaren-Ross, Duke of Ragusa (1949)
Antony Rota, Duke of Conservatura (1961)
Cyril Bertram Rota, Duke of Sancho (1947) *
Dylan Thomas, Duke of Gweno (1947)
A (imé) F(élix) Tschiffely, Duke of Mancha y Gato (1949)
Sir John Waller, Duke of Soula (1947)
Noel Whitcomb, Duke of Bonafides (1952?)
Robert Williams, Duke of Bally (1951)
Jon Wynne-Tyson, Duke of Dulce Immaculato (1954)
Richard Aldington (1961)
Ethel Laura Armstrong (1947)
Hugo Ball **
Neil Bell (1947)
Sir Dirk Bogard (1961)
D G Bridson (1951)
Patrick Burke (1951)
Frederick Carter (1947)
W H Chesson (1947)
'John Connell' (1947)
Howard Marion Crawford (1961)
Arnold Dawson (1949)
Frances Day (1961)
Hugh Oloff de Wet (1961)
August Derleth (1947)
Edward Doro (1947)
Diana Dors (1959)
P G Dwyer (1949)
Malcom M Ferguson (1949)
Stephen Graham (1949)
Joan Greenwood (1961)
James Henle (1947)
Ralph Hodgson (1961)
Trudy Frances Holland (1951)
David Hugles (1956)
Naomi Jacob (1961)
Aram Khatchaturian (1961)
Selwyn Jepson (1951)
Anne King-Fretts (1947)
Alfred A Knopf (1949)
Hilary Machen (1951)
A (lfred) E (dward) W (oodley) Mason (1947)
R (odolphe) L (ouis) Mégroz (1949)
E (dward) H (arry) W (illiam) Meyerstein (1947)
Thomas Moult (1949)
K G Myer (1947)
Kate O'Brien (1961)
Walter Owen (1947)
Eden Phillpotts (1947)
Abbé Pierre (Henri Antoine Grouès) (1961)
L G Pine (1951)
David C Polden (1947)
Stephen Potter (1951)
J (ohn) B (oynton) Priestley (1951)
'Ellery Queen' (Frederic Dannay & Manfred Bennington Lee) (1947)
Arthur Ransome (1947)
Grant Richard (1947)
Anne Ridler (1961)
Walter Roberts (1947)
John Rowland (1947)
Jestyn Viscount St Davids (1959?)
Henry Savage (1951)
Dorothy L (eigh) Sayers (1949)
Martin Secker (1949)
Dame Edith Sitwell (1959?)
Frank Swinnerton (1947)
Julian Symons (1951)
Rachel Annand Taylor (1951)
J C Trewin (1951)
Alan Tytheridge (1947)
John Wain (1961)
James Walker (1947)
Dame 'Rebecca West' (Cecily Fairfield Andrews) (1951)
John Wheeler (1947)
G H Wiggins (1947)
Sir P (elham) G (renville) Wodehouse **
Mai Zetterling (1956)
Marquess / Marqués
The Honourable Philip Inman (1951)
Count / Conde
Cecil Jackson Craig, Count Vavasour Plantagenet (1956)
Baron/ Barón
Percy Francis Brash Newhouse Armstrong (1949)
Archbishop/ Arzobispo
The Reverend John William Martin (1949)
b) ORDERS BESTOWED BY KING JUAN I /
ÓRDENES CONCEDIDAS POR EL REY JUAN I
ÓRDENES CONCEDIDAS POR EL REY JUAN I
Knights / Dames Grand Cross of the Order of Santa María de la Redonda
Caballeros / Damas Gran Cruz de la Orden de Santa María de la Redonda
Her Majesty Queen Lina / Su Majestad la reina Lina (1898)
Her Majesty Queen Lydia / Su Majestad la reina Lydia (1918?)
Her ex-Majesty Queen Barbara / Su ex-Majestad la reina Barbara (1949)
Her Majesty Queen Estelle / Su Majestad la reina Estelle (1949)
Albert Reynolds Morse, Grand Duke of Redonda (1949)
Her Majesty Queen 'Anna' / Su Majestad la reina 'Anna' (1955)
Knights Commander of the Order of the Star of Redonda
Caballeros Comendadores de la Orden de la Estrella de Redonda
Sir Robert Armstrong (1951)
Frank Barton (1951)
John Bayliss (1951)
Sir 'Morchard Bishop' (Oliver Stonor) (1951)
Everett F Bleiler (1949)
Andrew Block (1949)
Robert Michael Budgell (1951)
Roy James Collcutt (1951)
Rupert Croft-Cooke (1951)
Nigel Roy Cox (1949)
Peter Ditton (1949)
Frederic Doerflinger (1949)
Malcolm Elwin (1949)
Stuart B J Friend (1949)
Daniel George (1949)
Michael Gough (1949)
Susil Gupta (1949)
Kenneth Hare (1949)
Sir Leigh Vaughan Henry (1951)
Benson Herbert (1949)
Robert Herring (1949)
Kenneth Hopkins (1951)
Louis J McQuilland (1949)
Thomas Anthony Mullen (1949)
J A G Nicoll (1951)
John Joseph O'Leary (1949)
Herbert Palmer (1949)
Derek Patmore (1949)
Sir Hywel Bowen Perkins (1951)
The Reverend M H Pimm (1949)
George Pollock (1951)
Andreas Phillips (1951)
Noel Ranns (1951)
Maurice Richardson (1951)
Alfred Ridgway (1949)
Edgar Horace Samuel (1949)
George Stephenson (1949)
Randall Swingler (1951)
Joseph William Tollow (1951)
E (dward) H (arold) Visiak (1949)
John Foster White (1951)
Jon Wynne-Tyson (1949)
The Juan Cross (For Valour: Civil Division) /
La Cruz Juan (Al Valor: División Civil)
William Joseph O'Leary (1951)
c) OFFICES BESTOWED BY KING JUAN I /
CARGOS NOMBRADOS POR EL REY JUAN I
CARGOS NOMBRADOS POR EL REY JUAN I
Grand Chamberlain / Gran Chambelán: Neruda (1949)
Acting Grand Chamberlain / Gran Chambelán en Funciones: Urgel (1951)
Lord Chancellor / Lord Canciller: Logos (1951)
Cartographer Royal / Real Cartógrafo: Columbus (1949)
Historiographer Royal / Real Cronista: Guano (1949)
Chief of Royal General Staff / Jefe Máximo del Personal Real: Carmelita (1949)
Master of the King's Horse / Maestro de la Real Caballería: Mancha y Gato (1949)
Master of the King's Music / Maestro de la Real Música: Tuba (1949)
Poet Laureate / Poeta Laureado: Gweno (1951?)
Poet Laureate II / Poeta Laureado II: Mosquito Shore (1962?)
Minister Plenipotentiary to the French Republic/ Ministro Plenipotenciario en la República Francesa: Salinas (1949)
Physician in Ordinary/ Médico Titular: Sir Hywel Bowen Perkins(1951)
Master of the Chapel Royal/ Real Maestro de la Capilla: Sir Leigh Vaughan Henry (1951)
Lord High Admiral/ Mando Supremo del Almirantazgo: Botillo (1951)
Admiral of the Fleet / Almirante de la Armada: Lord StDavids (1959?)
Postmaster General / Director General de Correos: Bally (1951)
Commissioner of Police / Comisario de Policía: Verdugo (1951)
Commissioner for Propaganda / Comisario de Propaganda: Bonafides (1952?)
Commissioner of Tax Suppression/ Comisario de la Supresión de Impuestos: Sir Robert Armstrong (1951)
Nota Bene: In 1979, King Juan II or Jon Wynne-Tyson issued a State Paper by which he proclaimed 'null and void' all of King Juan I's or John Gawsworth's 'ennoblements' after 1951, for reasons similiar to those set out in my Prefatory Note. Afterwards, however, he deemed those of the actors Michael Denison and Dulcie Gray valid, as being well-deserved and not venal. All other post-1951 titles and offices included in the previous list (among them Jon Wynne-Tyson's Dukedom) have also been deemed deserved and not venal by myself, and are therefore valid now.
Javier Marías
Nota Bene: En 1979, el rey Juan II o Jon Wynne-Tyson emitió un Edicto Oficial por el que declaró "nulos e invalidados" todos los "ennoblecimientos" del rey Juan I o John Gawsworth posteriores a 1951, por razones semejantes a las expuestas en mi Nota Previa. Más adelante, sin embargo, consideró válidos los de los actores Michael Denison y Dulcie Gray, al juzgarlos merecidos y no venales. Los demás títulos y cargos posteriores a 1951 incluidos en la precedente lista (entre ellos el Ducado de Jon Wynne-Tyson), los he juzgado asimismo merecidos y no venales, y por lo tanto son ahora válidos.
Xavier Marías
.
Appendix II / Apéndice II
Jon Wynne-Tyson's Redonda /
La Redonda de Jon Wynne-Tyson
La Redonda de Jon Wynne-Tyson
(updated / puesta al día 2003)
TITLES AND OFFICES BESTOWED BY JON WYNNE-TYSON, KING JUAN II
TÍTULOS Y CARGOS OTORGADOS POR EL REY JUAN II, JON WYNNE-TYSON
" Lejana, muy secreta, inviolada Rosa,
estréchame en mi hora de las horas;
y quienes te buscaron en el Santo Sepulcro
o en el tonel de vino, moraron más allá
de los tumultos de sueños derrotados; y profundos,
entre párpados grises muy pesados de sueño,
los hombres han nombrado la belleza. Tus grandes hojas muestran
las barbas antiguas de los coronados Reyes Magos,
sus yelmos de rubí y oro; ye! rey cuyos ojos contemplara
las Manos Traspasadas en la Cruz elevarse
en druídicos vapores, y las teas apagarse,
hasta que e! vano frenesí lo despertara y muriera.
Y aquel que halló a Fand caminando entre llamas de rocío,
junto a una costa gris que el viento no soplaba
y perdió mundo y Emer por un beso.
Y el que llevó los dioses fuera de los muros
y se entregó al festín hasta que cien rojas albas
contemplara y llorara los túmulo s de sus muertos.
El rey altivo y soñador que penas y coronas arrojara
y al bufón y al poeta convocando,
morara en hondos bosques con los errantes manchados de vino.
Y el que vendió labranza, casa y bienes
y buscó en mar y tierra por años incontables,
y al final encontró, entre risas y llanto
mujer tan radiante en su belleza
que los hombres trillaban el cereal hasta la noche
por un rizo robado, por un pequeño rizo.
Y yo también aguardo ese momento:
las grandes tempestades de tu amor, de tu odio.
¿Cuándo se arrojarán las estrellas del cielo
y como chispas de herrería morirán?
¿Ciertamente, ha llegado tu hora, tus tempestades soplan,
lejana, muy secreta, inviolada Rosa?. "
epdlp.com
El tiempo se hunde en decadencia
como una vela consumida,
y a las montañas y bosques
les llega el día, les llega el día;
pero tú, amable turbamulta antigua
de los estados del ánimo nacidos del fuego,
tú no desapareces.1893
EL CREPÚSCULO CELTA Y LA ROSA SECRETA.
Las huestes
Cabalgan las huestes desde el Knocknarea,
y sobre la tumba de Clooth-na-bare;
Caolte arroja su cabello ardiente,
y Niam llama: "Sal, sal, ven aquí;
y no te quedes donde el fuego brilla,
llenando el corazón con un sueño mortal;
pues los pechos palpitan y los ojos fulgen:
sal al crepúsculo oscuro, sal, ven aquí.
Los brazos se agitan, se separan los labios;
y si alguno mira a nuestra impetuosa banda,
nos ponemos entre él y la acción de su mano,
entre él y la esperanza de su corazón".
Se abalanzan las huestes entre noche y día;
¿y dónde hay esperanza o acción tan hermosa?
Caolte arroja su cabello ardiente,
y Niam llama: "Sal, sal, ven aquí".
1893
.
LA ROSA SECRETA
Traducción de Alejandro García Reyes
Traducción de Alejandro García Reyes
ÍNDICE
A la rosa secreta
LA ROSA SECRETA
La crucifixión del proscrito
De la Rosa
La sabiduría del rey
El corazón de la primavera
La maldición de los fuegos y de las sombras
Donde no hay nada, allí está Dios
Los viejos del crepúsculo
Costello el Orgulloso, la hija de MacDermot y la lengua viperina
La crucifixión del proscrito
De la Rosa
La sabiduría del rey
El corazón de la primavera
La maldición de los fuegos y de las sombras
Donde no hay nada, allí está Dios
Los viejos del crepúsculo
Costello el Orgulloso, la hija de MacDermot y la lengua viperina
HISTORIAS DE HANRAHAN EL ROJO, 1897. Reescrito en 1907 con la ayuda de Lady Gregory
Hanrahan el Rojo
El trenzado de la cuerda
Hanrahan y Cathleen, la hija de Houlihan
La maldición de Hanrahan el Rojo
La visión de Hanrahan
La muerte de Hanrahan
Hanrahan el Rojo
El trenzado de la cuerda
Hanrahan y Cathleen, la hija de Houlihan
La maldición de Hanrahan el Rojo
La visión de Hanrahan
La muerte de Hanrahan
Notas
.
En cuanto a vivir, nuestros sirvientes lo harán por nosotros
.
A la rosa secretaRemota, secretísima e inviolada Rosa,
Abrázame en mi hora de las horas; allí donde habitan
Cuantos te buscaron en el Santo Sepulcro,
O en el tonel de vino, más allá de la agitación
Y tumulto de derrotados sueños; donde, cerrados casi
Sus pálidos párpados, vencidos por el sueño, los hombres
Han dado nombre a la belleza. Tus grandes hojas ocultan
Las antiguas barbas, los yelmos de oro y rubíes
De los Magos coronados; y a aquel rey cuyos ojos
Vieron las Taladradas Manos y el añoso Leño alzarse
En las brumas Druidas, haciendo palidecer las antorchas;
Hasta que un vano frenesí le arrebató y murió; y a aquel
Otro que encontró a Fand caminando sobre llameante rocío
En una costa gris que nunca azotó el viento,
Y perdió el mundo y a Emer por un beso;
Y a aquel que expulsó a los dioses de sus lares,
Y cien veces estalló roja la aurora mientras lo
Festejaba, llorando sobre los túmulos de sus muertos;
Y al rey orgulloso y soñador que desechó corona
Y desventura, y seguido de su bardo y su bufón
Marchó a vivir entre ebrios vagabundos al corazón del bosque;
Y a aquel que vendió aperos, casa y bienes,
E innumerables años buscó por tierras y por islas,
Hasta encontrar, entre risas y lágrimas,
Una mujer de tan resplandeciente belleza
Que los hombres trillaban el grano a medianoche,
Por un mechón de sus cabellos, un pequeño mechón robado.
También yo espero la hora de tu gran vendaval de amor y odio.
¿Cuándo se extinguirán en el cielo las estrellas,
Como chispas que brotan del yunque y que se apagan?
¿Acaso no ha sonado ya tu hora?, ¿no sopla ya tu huracanado viento,
Remota, secretísima e inviolada Rosa?
.
Appendix I / Apéndice I
M P Shiel's and John Gawsworth's /
La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth
La Redonda de M P Shiel y John Gawsworth
(updated / puesta al día 2003)
TITLES AND OFFICES BESTOWED BY JOHN GAWSWORTH, KING JUAN I
TÍTULOS Y CARGOS OTORGADOS POR EL REY JUAN I, JOHN GAWSWORTH
* means Created during the reign of King Felipe I, Matthew Phipps Shiel, and confirmed after his death in 1974 /
William Butler Yeats /jeɪts/ (Dublín, 13 de junio de 1865-Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 28 de enero de 1939),poeta y dramaturgo irlandés. Envuelto en un halo de misticismo, Yeats ha sido una de las figuras más representativas del renacimiento literario irlandés y fue uno de los fundadores del Abbey Theatre. También ejerció como senador. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1923.
William Butler Yeats nació el 13 de junio de 1865 en Georgeville, cerca de Sandymount Castle, en Dublín (Irlanda), hijo del pintor John Butler Yeats y de Susan Pollexfen Yeats, de una familia angloirlandesa de comerciantes protestantes. Su abuelo, llamado también William Butler Yeats, era rector de la Iglesia irlandesa, pero su padre era un nacionalista escéptico y ateo. El carácter del joven poeta combinó ambos mundos en un extraño misticismo que le permitía a la vez rechazar la religión tradicional y el cientifismo estéril. El biógrafo Richard Ellmann escribe al respecto: «Eligió una fe excéntrica en algún lugar entre las creencias ortodoxas de su abuelo y los descreimientos no ortodoxos de su padre».
William Butler Yeats /jeɪts/ (Dublín, 13 de junio de 1865-Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 28 de enero de 1939),poeta y dramaturgo irlandés. Envuelto en un halo de misticismo, Yeats ha sido una de las figuras más representativas del renacimiento literario irlandés y fue uno de los fundadores del Abbey Theatre. También ejerció como senador. Fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1923.
William Butler Yeats nació el 13 de junio de 1865 en Georgeville, cerca de Sandymount Castle, en Dublín (Irlanda), hijo del pintor John Butler Yeats y de Susan Pollexfen Yeats, de una familia angloirlandesa de comerciantes protestantes. Su abuelo, llamado también William Butler Yeats, era rector de la Iglesia irlandesa, pero su padre era un nacionalista escéptico y ateo. El carácter del joven poeta combinó ambos mundos en un extraño misticismo que le permitía a la vez rechazar la religión tradicional y el cientifismo estéril. El biógrafo Richard Ellmann escribe al respecto: «Eligió una fe excéntrica en algún lugar entre las creencias ortodoxas de su abuelo y los descreimientos no ortodoxos de su padre».
En 1867, a los dos años, Yeats se trasladó con su familia a Londres, al número 23 de la calle Fitzroy. Allí permaneció apenas cinco años, pues en julio de 1872 regresó con su madre y sus hermanos al condado irlandés de Sligo, a la casa de sus abuelos William y Elizabeth Pollexfen en Merville. Allí se empapó de los cuentos de hadas que contaba la gente sencilla de Irlanda; su misma madre le contó muchas historias deduendes y gnomos, mientras que los campesinos relataban experiencias con la "gente pequeña". Sin duda este periodo marcó para siempre su carácter, como él mismo admitió: «El lugar que realmente tuvo mayor influencia en mi vida fue Sligo».
En octubre de 1874 regresa de nuevo con su familia a Londres y se instala en Edith Villas. Allí su padre se relaciona con un grupo de pintores de la Hermandad Prerrafaelista. En la primavera de 1877 William comienza sus estudios en la escuela londinense de Godolphin de Hammersmith, pero ante el escaso éxito de su padre como pintor marchan en el verano de 1881 a Balscadden Cottage, en Howth, cerca de Dublín. Yeats comienza a escribir y leer poesía. Estudia en la Erasmus Smith High School hasta diciembre de 1883, de forma poco aplicada y distraída, ya que lo único que parecía interesarle de verdad era la poesía.
En 1884 intentó en vano acceder al Trinity College; más tarde y a su pesar ingresa en la Escuela Metropolitana de Arte de Dublín, donde estudia pintura. Allí conoce a George William Russell (que usó el pseudónimo de AE), y este le inicia en el mundo de lo esotérico y sobrenatural. Comienza a escribir poesía simbolista y a experimentar con visiones y alucinaciones. Detesta la ciencia, a la que veía en contraste directo con la poesía, la belleza y la verdad, y, tras renunciar al credo protestante en 1880, empieza a sentirse atraído por el budismo.
Teatro[editar]
En 1896 regresó a Irlanda, donde se integró en el movimiento del renacimiento literario de su país y entabló amistad con la dramaturga nacionalista lady Isabella Augusta Gregory, en cuya casa se hospedó a veces para recobrar su quebrantada salud y que lo sacó de la depresión a que lo había abocado el final de tan larga historia de amor; con su ayuda fundó el Teatro Abbey y la Compañía de Teatro Nacional Irlandés (1901), fundamentales en el desarrollo cultural de la Irlanda de esos años. Yeats escribió alguas piezas para esta compañía, de la que fue director hasta su misma muerte. Al principio su inspiración para estas obras vino de lamitología céltica irlandesa, frecuentemente en torno al héroe Cúchulainn, la heroína Deirdre y el Ciclo de Ulster, bajo una fuerte impronta simbolista; Yeats estrenó en total las siguientes piezas, por orden cronológico: La condesa Cathleen (1892, representada en 1899); El país de nuestros deseos (1894); Cathleen Ni Houlihan(1902); The Pot of Broth (1902); Las aguas tenebrosas (1900, estrenado en 1904); El reloj de arena (1903); En los siete bosques (1903); El umbral del palacio del rey (1904); On Baile's Strand (1904); Deirdre (1906), El Unicornio de las Estrellas (1907); El yelmo verde (1910) y El gato y la Luna. Agotado el modelo del teatro simbolista, con el que Yeats quiso enfrentarse al Naturalismo ibseniano que imperaba en los escenarios ingleses, intentó innovar asimilando ciertos influjos delteatro nō japonés, que empezaba a conocerse en Europa a través de las traducciones de su secretario, el también poeta Ezra Pound; incorporó la ritualidad que caracteriza esta dramaturgia, empleó máscaras y gestos e incluyó coros, danzas y música ceremonial. Los elementos simbolistas se hallaban en diálogos de tono poético en los que irrumpía lo místico y lo onírico. Las piezas compuestas en este periodo fueron reunidas en 4 piezas para baile (1921).
Estas audacias escénicas exigían un público experto y reducido, por lo que contribuyeron al desarrollo del teatro de cámara; sin embargo Yeats va evolucionando en su dramaturgia hacia estructuras y lenguaje más claros dejando en el camino parte de su misticismo y hermetismo.
Últimos años[editar]
Por entonces el poeta norteamericano Ezra Pound empieza a trabajar como secretario suyo y le descubre la literatura japonesa; tras conocer a una joven medium, George Hyde-Lees, Yeats compra una torre normanda en Kiltartan Cross y se casa con Hyde-Lees en 1918. Fue una buena decisión, pues puso en orden la vida del poeta y renovó su poesía incitándole a experimentar con la escritura automática. Tras la independencia de Irlanda, es elegido senador por este nuevo país en 1922 y permanece en el cargo hasta 1928. En 1923 recibe el premio Nobel de literatura.
Este fue el período más fecundo de Yeats, el de su madurez y vejez. Destacan los volúmenes de poesía El casco verde,Responsabilidades y Los cisnes salvajes de Coole, en los que se evidencia una profunda evolución de su lenguaje lírico, que se hace personal, vigoroso, exacto y deslumbrante. En 1925 escribió el tratado Una visión, donde expresa su creencia en la íntima relación entre la imaginación poética y la realidad universal. Según el historiador Giordano Berti (en Claves y secretos del Tarot, Barcelona, Salvat, 2005, p. 23) en esta obra, la más misteriosa del poeta irlandés, vive el recuerdo de la enseñanza esotérica de la Golden Dawn sobre el Tarot; las "28 incarnaciones", como explicaba Yeats, son fases de la transformación del ser. De este material nacieron, por sugerencia de su secretario Ezra Pound, hermosas colecciones poéticas como La torre (1928), La escalera de caracol (1933) y Últimos poemas y obras de teatro, que incluye el celebrado «Bizancio», con las que Yeats alcanzó el cénit de su lírica.
Su poesía, a pesar de su espíritu innovador, generalmente se caracterizó por su cuidado formal, el simbolismo y ciertos toques que anticipan el surrealismo. El 28 de enero de 1939 fallece en la localidad francesa de Menton a los 73 años.
Yeats consiguió liberar a la poesía irlandesa de la esclavitud a los moldes, géneros y temas de la poesía británica; rompió con la tradición de la poesía victoriana adscribiéndose al simbolismo y profundizó en él en busca de los arquetipos junguianos que subyacen en todas las culturas.
Premio Nobel[editar]
En diciembre de 1923 Yeats fue condecorado con el Premio Nobel de Literatura y sacó el máximo partido a la ocasión. Fue consciente en todo momento del valor simbólico de este premio en tanto que era un irlandés el galardonado, poco después de que Irlanda consiguiera la independencia, subrayando este hecho siempre que le fue posible. En respuesta a las muchas cartas de felicitación que recibió dijo: «considero que este honor no ha venido a mí tanto como individuo que como representante de la literatura irlandesa, este reconocimiento es parte de la bienvenida por parte de Europa al estado libre». En la lectura de su discurso de aceptación del Nobel en la Real Academia Sueca se presentó como estandarte del nacionalismo irlandés y de la independencia cultural irlandesa. Destacó esta idea con las palabras:
Los teatros de Dublín eran edificios vacíos contratados por empresas itinerantes inglesas, y nosotros queríamos obras irlandesas con actores irlandeses. Cuando pensábamos en esas obras pensábamos en todo lo que es romántico y poético, ya que el nacionalismo al que invocábamos- el mismo nacionalismo al que ha invocado cada generación en momentos de desánimo- era romántico y poético.
El premio conllevó un importante aumento de la venta de sus libros pues sus editores (Macmillan) lograron una importante publicidad. Por primera vez tuvo dinero y pudo pagar no sólo sus propias deudas, sino también las de su padre.
Obra[editar]
- 1886 - Mosada
- 1888 - Fairy and Folk Tales of the Irish Peasantry
- 1889 - El peregrinaje de Oisin y otros poemas (The Wanderings of Oisin and Other Poems)
- 1891 - Representative Irish Tales
- 1891 - John Sherman and Dhoya
- 1892 - Irish Faerie Tales
- 1892 - La condesa Cathleen (The Countess Kathleen)
- 1893 - El Crepúsculo celta (The Celtic Twilight)
- 1894 - The Land of Heart's Desire
- 1895 - Poemas (Poems)
- 1897 - La Rosa secreta (The Secret Rose)
- 1899 - The Wind Among the Reeds (El viento entre los juncos)
- 1900 - Las aguas sombrías (The Shadowy Waters)
- 1902 - Cathleen ni Houlihan
- 1903 - Ideas of Good and Evil
- 1903 - En los siete bosques (In the Seven Woods)
- 1907 - Discoveries
- 1910 - El yelmo verde (The Green Helmet)
- 1912 - The Cutting of an Agate
- 1913 - Poems Written in Discouragement
- 1914 - Responsibilities
- 1916 - Reveries Over Childhood and Youth
- 1917 - Los cisnes salvajes de Coole (The Wild Swans at Coole)
- 1918 - Per Amica Silentia Lunae
- 1921 - Michael Robartes and the Dancer
- 1921 - Cuatro obras para baile (Four Plays for Dancers)
- 1921 - Four Years
- 1924 - The Cat and the Moon
- 1925 - Una visión (A Vision)
- 1926 - Estrangement
- 1926 - Autobiografía (Autobiographies)
- 1927 - October Blast
- 1928 - La Torre (The Tower)
- 1929 - La escalera de caracol (The Winding Stair)
- 1933 - La escalera de caracol y otros poemas (The Winding Stair and Other Poems)
- 1934 - Collected Plays
- 1935 - Luna llena en marzo (A Full Moon in March)
- 1938 - New Poems
- 1938 - Second Chance
- 1939 - Last Poems and Two Plays (Obra póstuma)
- 1939 - On the Boiler (Obra póstuma)
EL CREPÚSCULO CELTA Y LA ROSA SECRETA W. B. YEATS Prólogo de Juan Villoro Traducciones de Javier Marías y Alejandro García Reyes Reino de Redonda Primera edición, febrero 2003 . Este sexto volumen del Reino de Redonda está dedicado A Manuel Rodríguez Rivero, ‘Inca Garcilaso’ redondino que si no editó en su día los títulos que lo componen sin duda mereció hacerlo EL EDITOR
.
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